
Cómo lograr una curado adecuado con luz UV en la impresión textil automatizada
Cuando se utiliza una línea de impresión automatizada, las lámparas UV no sirven solo para “secar” la tinta. De hecho, provocan una reacción química que fija la tinta en la tela en el momento en que esta entra en contacto con ella. Si se hace bien, la impresión permanece firme en la tela. Pero si no se hace bien, se producen manchas, pelados y mucho material desperdiciado.
Encontrar el equilibrio perfecto
Aquí está lo complicado: las telas son porosas. Para que la tinta se adhiera realmente a la tela, es necesario que la luz UV penetre en su superficie. Si la potencia de las lámparas es demasiado baja, la tinta sigue estando pegajosa, lo cual arruina el resultado final. Pero tampoco se puede aumentar demasiado la potencia, ya que eso podría dañar la tela o hacer que los colores blancos adquieran un tono amarillento. Se trata de encontrar un equilibrio entre la velocidad a la que se mueve la cinta transportadora y la cantidad de energía que emiten las lámparas.
Manejo del calor
Las lámparas UV generan mucho calor. Cuando todo está concentrado en un espacio reducido, ese calor se acumula rápidamente. Utilizamos vidrio de cuarzo porque puede resistir ese estrés, pero el enfriamiento es el punto en el que suelen surgir problemas. Es necesario contar con un sistema de refrigeración eficaz para evitar que la tela se sobrecaliente. Si no se asegura una buena ventilación, las lámparas se agotarán mucho antes de lo esperado.
Mantener todo funcionando
Dado que la mayoría de las líneas de impresión textil funcionan las 24 horas del día, diseñamos estos dispositivos para permitir cambios rápidos. Utilizamos conectores estándar, así que se puede reemplazar la lámpara sin tener que volver a conectar todos los cables. Además, hay que vigilar constantemente el balastro. Si la tensión varía, la salida de luz UV también varía. Esto provoca que algunas partes de la tela se curen mientras otras no.
Un último consejo: limpie los reflectores cada pocos meses. Puede parecer sencillo, pero la acumulación de polvo en los reflectores puede reducir la eficiencia en un 30%. Las lámparas tendrán que trabajar más duro para mantenerse activas, lo que acelera su desgaste.